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 We're lost in heaven. { Silke }

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Cameron H. Berislavich
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Ubicacion : Somewhere beyond the sea.
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MensajeTema: We're lost in heaven. { Silke }    Sáb Sep 10, 2011 2:01 pm

Cameron caminaba incesablemente a lo largo de un pasillo, la humedad de las paredes y del piso le hacían difícil la simple tarea de respirar, pues el aire era demasiado denso. El lugar no le resultaba ni medianamente familiar, estaba alumbrado únicamente por la tenue luz de una bombilla desnuda. Las paredes irradiaban un olor mohoso y totalmente molesto, y tenían una coloración verde que les hacía lucir de lo más asquerosas. Cameron estaba atrapado en el pasillo de su pesadilla, y mientras más se movían sus piernas, más se extendía éste. No había salida, se había quedado encerrado en ése horrendo lugar. Entonces, escuchó pasos. Eran pasos de pies descalzos, y bastante ligeros, de alguien no muy pesado. Con un nudo en la garganta y el estómago hecho hielo, frunció el ceño y entrecerró los ojos para divisar a su madre. Ella lucía tranquila, atractiva, demasiado serena para reconocerle a simple vista, sonriéndole como si de un ángel se tratara. Pero advirtió que algo no andaba bien, sus ojos eran rojos. Cameron quería hablarle, preguntarle que hacía ahí, pero el nudo en su garganta y la magia de los sueños no se lo permitían. Tampoco podía moverse, era como si la sinapsis de sus neuronas se hubiera paralizado repentinamente. En ése instante, cuando estaba a punto de proferir un sonido, ella le saltó encima.

Cameron despertó con sudor en la nuca y el corazón intentado salir de su pecho.

Su noche transcurrió en sueños similares a ése, un tormento total. Después de horas que parecieron milenios, sintió los rayos del sol sobre sus ojos y se puso de pie sin pensarlo dos veces. Eran las seis de la mañana. Había dormido aproximadamente tres horas en toda la noche como mucho, y su rostro cansado lo delataba. Se dió cuenta de ésto al enfrentarse al espejo, su cabello iba demasiado desordenado para su gusto, y ojeras de color magenta adornaban su infantil rostro. Lucía terrible. De vez en cuando se le presentaban ésos problemas para dormir, no eran muy frecuentes, pero cuando ocurrían eran como un holocausto.

Se calzó sus zapatos y después de acicalarse meticulosamente se dirgió a la cocina, en busca de algo que comer. No había notado lo hambriento que se encontraba hasta entonces. De algún modo presentía que su refrigerador estaría vacío. Hora de hacer compras. Se dijo. Le encantaba el supermercado, por alguna razón que desconocía. Tal vez era la cantidad de dulces que había en ellos, o lo divertido que era ver a Señores frustrados por no recordar lo que debía comprar. ¡Para éso estaban las listas! Y hablando de listas, tomó su libreta y plasmó sobre el papel todo lo que hacía falta. vegetales, dulces, café, y más dulces. Sus hábitos alimenticios iban de cabeza.

Una vez culminada la no muy extensa lista, acomodó las mangas de su sweater de franjas grises y azules que eligió casi al azar, pues el frío comenzaba a pegarle, al igual que la soledad de aquella mañana. Tal vez, algo de compañía no le vendría mal. Arrugó la nariz como un niño mientras se paseaba por el piso de la cocina de su casa, escuchando el sonido hueco que hacían sus zapatos costosos al chocar con éste. Tomó su móvil, que yacía sobre la mesa y se dispuso a llamar a la persona indicada para una visita al supermercado.

— Despierta. Vamos al supermercado. — Le dijo, con tono autoritario después de un par de timbres, sentía que sonaba como su madre, un pensamiento que bloqueó de inmediato. También supuso que estaba dormido, y sintió una malvada satisfacción por despertarle, si es que lo había hecho.

Silke era su mejor amigo, más que éso, de hecho. Era alguien con quién se sentía plenamente cómodo, con quién podía hacer de las suyas sin ser juzgado. Era alguien cuya compañía nunca estaba demás, y aquél día no era la excepción. Tenía el leve presentimiento de que Silke terminaría montado en un carrito del supermercado, en realidad, ya estaba casi seguro de ello.
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Silke A. Leithert
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MensajeTema: Re: We're lost in heaven. { Silke }    Sáb Sep 10, 2011 3:27 pm

No había una imagen precisa, uno que otro rostro conocido y lo demás era completamente blanco, un sueño demasiado extraño a mi parecer, no había nada al rededor solo una gran extensión de color blanco que parecía no tener fin y por la que yo avanzaba sin saber a donde me dirigía. Cualquiera que deseara despertarme en esos momentos tendría que intentar muchas veces o por lo menos esa era la mayoría de las veces en que un sueño como ese llegaba a mi mente, según yo era cuando lograba relajarme al máximo y conseguía dormir plenamente. Era muy rara la ocasión en que lograba dormirme tan profundamente y no quería que alguien me quitara ese privilegio. Seguía avanzando en aquel lugar que me hacía sentir como si estuviera volando, quizás era efecto de la marihuana o yo que sé, tal vez en realidad si era el hecho de que estaba cómodo, de pronto aquella extensión de color blanco se fue obscureciendo y comenzó a tornarse tenebroso, sentía que mi corazón se aceleraba y se me dificultaba respirar por alguna extraña razón, luego de un rato de seguir caminando entre la nada comencé a correr como si huyera de alguien. Odiaba las pesadillas, esos malditos sueños donde tratas de huir y tus piernas dejan de funcionar, no logras avanzar demasiado mientras los que te rodean van mucho más rápido que tu... Entonces sentí que caía al suelo mientras una música algo divertida comenzaba a razonar en mi cabeza, por lo menos la caída sería feliz, ¿no?.

Entonces me levanté sobresaltado y sin entender que había sucedido, estaba completamente desorientado, sacudí la cabeza con fuerza tratando de hacer que esa música dejara de sonar. Giré mi cabeza a todos lados, aún sin abrir por completo los ojos y entendí que se trataba de mi celular, me tallé los ojos y comencé a buscarlo en una de las mesitas que estaban al lado de la cama, al tomarlo observé con detenimiento la pantalla y negué ligeramente.- ¿Qué pasa, dude?.- Susurré adormilado, ni siquiera sabía que hora era, lo único que sabía es que me había perturbado mi sueño de una forma demasiado extraña.- ¿Qué hora es?.- Pregunté mientras hacía que mi mirada viajara por todo el lugar en busca de un reloj, como no miré ninguno, despegué el móvil de mi oído y miré el reloj... 6:48 a.m. ¿Qué diablos le pasaba?.- Son... las seis de la mañana.- Murmuré con algo de frustración y después solté una risa casi inaudible.

Ese era Cameron, siempre hablando en el momento en el que menos te lo esperas y diciendo cosas que no esperarías que dijera, uno de los mejores amigos que podría haber encontrado, seguramente necesitaba ir por algo y no quería hacerlo solo o tal vez solo quería despertarme.- Voy a tu apartamento en un momento, déjame vestirme.- Susurré sin siquiera pedir opinión, todavía no sabía que quería pero sin duda no iba a negarme.- Por cierto, ¿Qué es lo que quieres?.- Pregunté haciendo una mueca mientras me paraba de la cama y comenzaba a caminar por toda la habitación en busca de algo para ponerme, un pantalón con la parte de las rodillas rotas y una polera de cuadros rojos con negros, caminé hasta el baño y me senté en la taza.- Bien, te dejo para ducharme y eso, nos vemos en un rato.- Murmuré en tono divertido y colgué el teléfono para después ponerlo en la una pequeña repisa pegada a la pared, me desvestí y me metí a la ducha.

Después de una ducha rápida salí y me cambié pues el frío comenzaba a calarme un poco, tomé el gorro con forma de cabeza de oso entre mis manos, las llaves, celular y billetera junto con una cajetilla de cigarrillos y lo acomodé todo en los bolsillos de los Skinny jeans, busqué un par de sandalias solo para la caminata hasta la casa de Cameron y salí de la casa sin hacer mucho ruido. Caminé por las calles del pueblo hasta llegar a la vivienda de mi querido Cam, me paré frente a la puerta y toqué un par de veces, luego otro par y otro, todo con un tono de desesperación solo para molestarle.- Vamos cariño, ábreme... no esperaré todo el día.- Hablé en voz alta y con una gran sonrisa en el rostro. Después de tocar muchas veces seguidas me recargué en la pared a esperar que me abriera, cerré los ojos pues estaba algo cansado, ese último sueño no había sido de muy buen gusto y por lo tanto me había dejado un poco trastornado, aunque sinceramente no había ocurrido nada. Además eran a penas las siete de la mañana y yo ya estaba de pie, eso no me parecía algo bueno.
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Cameron H. Berislavich
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MensajeTema: Re: We're lost in heaven. { Silke }    Sáb Sep 10, 2011 6:51 pm

Soltó una carcajada cuando escuchó la voz adormecida de su amigo, y colgó el teléfono. Indudablemente lo había despertado, había algo tan divertdio en ver u oir a personas recién despertadas. Confundidos por ése paso de la inconsciencia a la consciencia. Sólo para distraerse un poco y despejar su mente, colocó algo de Stevie Wonder mientras se sentaba sobre el mueble del recibidor de su casa. ¡Era tan cómodo! El lugar fué un regalo de sus padres, pero estaba decorada a su gusto, de un modo muy poco convencional. Como todo soltero, tenía amplio espacio entre no muchos muebles, también tenía piezas de arte colgadas en varios lugares, le encantaba el arte. Su pieza favorita era un collage de diferentes personajes históricos, filósofos, escritores, y demás. También tenía varios estantes de libros, en la sala había uno, ahí tenía unos cuantos libros, pero sus favoritos se encontraban en su sala de estudio, donde también estaban sus instrumentos y su colección de mariposas. Cameron llevaba poco tiempo en el pueblo, pero se había acomodado muy bien, tenía que hacerlo, se suponía que había ido ahí a tomar un descanso de todo antes de asistir a la universidad de Oxford. Aquél era un ambiente tranquilo, podías ver que ahí vivía un intelectual, pero alegre y muy cómodo, perfecto para un maratón de Star Trek. Aún más entonces, con la voz de Wonder en el aire. Sólo faltaba una copa de vino tinto para tener la mañana perfecta, pero decidió no optar por éso, ya que, honestamente, le daba demasiada pereza ponerse de pie.

Cameron no era de los que dormían hasta las cuatro o cinco de la tarde, pero tampoco madrugaba. Cuidaba bien su horario de sueño, pues uno malo deteriora la memoria. No estaba interesado en dañar su más poderosa arma, claro.

Sobre el sofá se encontró mirando al techo, imaginando que su blancura era un lienzo. Comenzó a dibujar mentalmente el paisaje que se visualizaba desde su ventana en la casa de campo de su familia, los árboles y el lago, los pequeños barcos y los niños jugando. Tan tranquilo. Pero pronto es obscureció, y el lindo paisaje se transformó en una total negrura, como la más aterradora noche. Cerró los ojos con fuerza para volver a abrirlos, tomó su tablero de ajedrez y lo colocó sobre la mesa, posicionando correctamente las piezas. Siempre le había encantado el ajedrez, era su juego de mesa favorito, tal vez, y le ayudaba a distraerse bastante. También le encantaba el Go, el juego más difícil del mundo, y en el que no era demasiado bueno, pero que aún así disfrutaba. Algunos consideraban ridículo jugar sólo, pues no tenía demasiado sentido. A sus ojos, tenía muchísimo. Podía retarse a sí mismo, ser su peor oponente. Era como una lucha contra él. También le permitía interpretar papeles, como el de un jugador arriesgado contra uno sumiso, o uno violento contra uno realmente malo.

Movió dos posiciones un peón blanco que se encontraba frente al rey. Las piezas blancas representarían al jugador arriesgado. Colocó un caballo negro frente a uno de sus peones, protegiendo al rey. Era una estrategia demasiado usada, pero aquél sería un jugador poco arriesgado.


En ésa pequeña interpretación de papeles se le fué el tiempo, y en medio de un juego muy interesante consigo mismo escuchó ésa voz aniñada y conocida. Se puso de pie y se dirigió a la puerta, no sin enredar sus pies antes. ¡Cosa de todos los días! La torpeza la lleva en la sangre, aparentemente.

— Adelante, linda. — Invitó, con un tinte burlón y típico de él cuando estaba con Silke. Esperaba verlo frente a él, con ésa gran sonrisa infantil o algún gesto de lo más gracioso, como era normal en él, pero se encontraba recostado sobre la pared y con ojos cerrados, lucía como alguien que tuvo una mala noche, o no. — ¿Una noche muy buena, o muy mala? — Preguntó, con una voz insinuante y atravesando la puerta hasta enfrentarse a él.
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Silke A. Leithert
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MensajeTema: Re: We're lost in heaven. { Silke }    Dom Sep 11, 2011 3:47 am

Estaba a punto de perder la consciencia y quedarme dormido en esa pared que me parecía tan cómoda y acogedora en esos momentos cuando escuché la voz de Cameron en la puerta, no pude evitar soltar una risilla burlona ante su respuesta pero aún no abría los ojos. Estaba demasiado cómodo como para moverme un solo milímetro más, pero la realidad es que tenía que entrar al apartamento o por lo menos dirigírle la mirada a Cam, abrí lentamente los ojos y comencé a observarlo ahí parado en la puerta, enderecé mi cabeza y fijé mi vista en él. Escuché su pregunta y sonreí de lado.- Pues, un poco de las dos.- Comenté con ambas cejas alzadas y me separé de la pared, la verdad es que no estaba seguro de a que hora había comenzado a tener la extraña pesadilla.- ¿Qué hay?.- Pregunté haciendo un gesto con la cabeza y después sonreí de forma burlona.- Al parecer tu tienes buenas noches todos los días, porque eso de levantar a tus amigos a las seis de la mañana no es algo normal.- Comenté negando fuertemente.- Tal vez necesites un poco de diversión.- Dije de manera animada y le di varios piquetes en el estómago para después soltar una pequeña carcajada.- Alócate, dude.- Susurré y comencé a caminar hacia el interior del departamento.

Al parecer ese lugar estaba maldito ya que en el momento en el que puse un pie dentro al parecer este se atoró con algo inexistente y casi caigo al suelo.- Wooooup.- Solté mientras me tambaleaba, me reincorporé de forma rápida y me di la vuelta para ver a Cameron de una forma acusadora.- Me tendrás que hacer de nuevo si algo me pasa.- Susurré acomodando mi gorro y después sonreí con algo de malicia. Volví a mirar hacia el interior del apartamento y caminé hasta el sofá para después tirarme sobre él.- ¿A qué me has hecho venir?.- Pregunté con demasiada curiosidad, mientras tamborileaba mis dedos en mis piernas y observaba al pelirrojo.- Uh, ajedrez.- Murmuré y me acerqué al borde del sofá para mover una de las piezas que estaban en el tablero, sinceramente no sabía que demonios hacía, nunca había jugado antes y la verdad solo lo hacía por fastidiar.- Mira, te he ganado.- Solté con aires de grandeza como si eso fuera verdad. En realidad amaba actuar de forma fastidiosa con él ya que estaba seguro de que él hacía lo mismo conmigo, siempre usando un tono un tanto burlón, era algo normal comenzar a molestarnos entre nosotros y después hacer alguna que otra locura juntos aunque claro está que todo el tiempo aunque él hubiera sido el de la idea, me acusaban a mi antes que a él... quizás por la apariencia física, tal vez mis tatuajes no eran de inspirar mucha confianza, es decir... ¡hasta yo me tiraría a mi primero antes que a ese tipo!, siempre con su toque tan intelectual que lo hacía parecer como el típico chico que nunca hacía ninguna maldad.

Sonreí inconscientemente ante aquel pensamiento y después sacudí la cabeza un poco para volver a la realidad y volver a buscar con la mirada al cabeza de zanahoria {tenía que decirlo(?}.- Así que... ¿qué haremos?, ¿tienes algo de comer?, porque no he desayunado.- Susurré comenzando a jugar con las orejas de mi gorro... entonces fue cuando caí en la cuenta... si él había despertado más temprano que yo era obvio que habría tenido hambre mucho más temprano, me levanté rápidamente del sofá y caminé hasta el refrigerador, abrí la puerta de golpe y comprobé mi anterior sospecha.- Oh no, quieres que te acompañe a hacer las compras, ¿no es verdad, cariño?.- Susurré mirándolo con algo de emoción la cual algo fingida y a la vez era real, sería divertido mirar hasta donde sería capaz de llegar o cuanto podría soportar Cameron en el supermercado conmigo, eso sería realmente divertido... tal vez hasta aceptaría subirse al carrito de las compras y dejarme que lo llevara tal cual un bebé o podría ser que él aceptara llevarme a mi, cualquiera estaba bien para mi.- Si es por eso, más vale que nos vayamos de una vez antes de que mi estómago intente comerte.- Solté de la nada y caminé hasta donde estaba él, pasé una de mis manos por su cabeza y lo despeiné.
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Cameron H. Berislavich
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MensajeTema: Re: We're lost in heaven. { Silke }    Dom Sep 11, 2011 8:07 pm

El muchacho abrió los ojos lentamente hasta encontrarse con él. Aquella pared lucía extremadamente cómoda, al menos para él. Frunció el ceño y se encogió de hombros ante su respuesta. Si no hablaba más, era porque no quería hacerlo. Era una especie de regla personal para Cameron, y la aplicaba hasta en los más mínimos detalles. No le gustaba meterse en los asuntos de otros.

— Nada nuevo. — Se limitó a decir, soltando una risa gracias a las palabras que pronunció su amigo. Cuando llegaba, la energía cambiaba totalmente, era más alegre, más divertida. — ¿Acaso algo que nos involucre es normal, Silke? — Comentó, mientras se retorcía para evitar ésos fastidiosos piquetes. Silke y el siempre se veían metidos en algún tipo de problema, y siempre lo culpaban a él. ¡Ventajas de lucir como un abuelo! Se dijo. A veces pensaba que era algo predecible. Nunca nadie esperaría algo malo de él, nunca esperarían que le rompiera el corazón a alguien o que hiciera un mal gesto. En parte le gustaba ser así, no recibía quejas, ni molestias. — Adelante. — Susurró, entre risas. — Me divierto bastante, y no es necesario que me aloque, como dices. — Hizo una mueca y cerró la puerta detrás de él. Asegurándose de que estaba realmente cerrada. No era un maniático de la seguridad o algo parecido, sólo la apreciaba bastante. Silke siempre le pedía ése tipo de cosas, ésa para ser más específicos. Que se liberara, que se alocara. Pero él ya era libre, y éso de la locura no llamaba demasiado su atención. Prefería pasar una noche en casa haciendo buena música, que ir a un club lleno de gente y de malas notas. ¿Qué había de malo en una reunión en casa, de cualquier modo?

— ¡Bienvenido! — Exclamó, entre risas. Ése tipo de tropiezos eran casi una regla al entrar en casa, al menos para Cameron. Era una rutina que su mente ya había programado, y que no podía saltarse. — ¡Oh no, ni lo creas! — Negó con la cabeza aún riendo y como si hacerlo existir nuevamente fuera una desgracia. Ése sarcasmo pesado era común entre los dos. Cameron lo escuchó y se enfrentó a él, con la mesa entre ellos mientras miraba la pieza que movía. El modo en el que la sujetaba indicaban que estaba en las nubes. ¡Es algo muy importante al jugar ajedrez! Más que analizar las movidas de tu oponente, analizarlo a él, o a ella. Silke hacía una jugada totalmente inválida, pero así era él, espontáneo y desenfrenado. Un polo opuesto a él, quién lo planificaba absolutamente todo. Cruzó los brazos y esbozó una sonrisa dulce y empática, típica de su persona. Cameron no tenía idea de que era tan gentil. — Acertaste, cielo. Eres muy perspicaz. — Afirmó, mordisqueando su labio inferior y moviéndose hasta uno de los extremos de la habitación. Percibió cierta chispa de maldad en sus ojos, Silke tenía un plan, naturalmente. Un plan que lo dejaría a él en una posición bastante incómoda, como era usual. Un plan de ésos a los que se había acostumbrado.

El castaño se acercó a el y desordenó su cabello. Cameron hizo una mueca y le fulminó con la mirada. Odiaba que tocaran su cabello, le resultaba incomodísimo. Le dió un golpecito amistoso en la cabeza, también. — ¿Te sorprendería saber que lo creo totalmente posible? — Preguntó, riéndo casi en silencio. ¿Quién niega que a Silke podría darle una crisis en éstos días y quisiera comenzar a comer gente? Podría pasarle a cualquiera, hasta a él. — Vale, ya, vámonos. — Se acercó a la mesa y tomó su móvil, su billetera y las llaves del auto, que colgaban de un llavero que era un pequeño cubo de Rubik. Abrió la puerta para Silke. — Adelante, Señorita. — Le dijo, con la actitud sobreactuada de un galán, para luego soltarla sin previo aviso.

Salieron de la casa, él con pasos cansados gracias a su mala noche, hasta montarse en su Mustang rojo del 67 y encenderlo. Era un clásico, y lo amaba. Lo cuidaba como si de otra persona se tratase. La pintura roja lucía brillante y como nueva, y el interior del carro estaba impecable. Impregnado de un olor a vainilla, cuero y a vacío.
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We're lost in heaven. { Silke }
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